viernes, 6 de noviembre de 2009

Gotas de lluvia

No recuerdo cómo ni cuándo paso, solo… pasó. Un día, por más que quisiera; incluso si lo necesitaba, no podía llorar.

Estando en el café, como había comenzado a hacerlo desde que eso había ocurrido, me quedé observando el cálido líquido que humeaba en mi taza. El clima no ayudaba mucho a pensar o… ¿Debería decir, a no pensar? No lo sé. Mi mirada se turnaba para observar el suave descenso de las gotas de lluvia por el vidrio y el decadente ascenso del aromático humo del café, no obstante, me parecía no estar ahí, Solo veía tu imagen, tus ojos, tu cabello… tus labios. Todo, absolutamente todo me recordaba a tu persona. La garganta se me cerraba y los ojos me escocían, solo eso. Nada más.

La desesperación me embargaba, porque no comprendía el por qué, simplemente, las lágrimas no salían. Tal vez no te quería lo suficiente, tal vez siempre supe que partirías o tal vez, solo tal vez, ya había llorado lo suficiente en mi vida.

No sabía si eso era posible ¿Podría alguien llorar tanto hasta secarse? Quizá. Lo único que sabía era, que yo, no podía hacerlo.

A aquella psicótica rutina se había vuelto mi forma de hacerlo. Mi forma de llorar.

Pensé en las cosas que había dejado en casa. Cosas sin terminar. Un trabajo que era para mañana, papeles desperdigados por todas partes, el grifo abierto y… ¿Había dejado algo encen…? No lo recordaba.

Todo parecía confuso. Hice mucho que todo se había vuelto tan caótico. La casa era un desmadre. Daba igual. Tenía que ser realmente estúpido para pensar así. Sí seguramente lo era.

Ventana, café.

Café, ventana.

Arriba, abajo.

Solo eso. Siempre eso. Rutina

Posiblemente me había lanzado la soga al cuello y quería ver cuánto podía apretar. Tal vez había perdido la cordura…

C-O-R-D-U-R-A

Escribí sobre la servilleta con un poco de café.

Que graciosa palabra. Era gracioso que describieran algo tan extenuante con una palabra tan sencilla ¡Sí, era extenuante estar cuerdo!

Repentinamente, y sin aviso alguno, alguien chocó contra la mesa volcando la taza y todo su contenido sobre esta. La servilleta se mojó y la palabra, que había trazado cuidadosamente, desapareció con absurda sencillez ante mis ojos. Me levante abruptamente del asiento al sentir la quemazón del líquido sobre mis muslos, sin poder contener una risa histérica.

¡Ah con qué facilidad desaparecían las cosas!

- Disculpe. Lo siento mucho ¿se encuentra bien?- preguntó alguien posando una mano amable sobre mi hombro.

- Por supuesto- reí sin mesurarme.

El rostro me ardía y me llevé una mano al rostro debido a la vergüenza que me provocaba aquella incontrolable e ilógica reacción.

- ¿Seguro? Porque está llorando.

¿Lo estaba?

Con desconcierto me toqué el rostro encontrando lo que buscaba, al momento que todo se disolvía al igual que esa sencilla palabra.