miércoles, 11 de marzo de 2009

Minutos T.T


El aire corre suave y fragante, anunciando una nueva estación; el sol me envuelve con un cálido manto que no llega hasta mi corazón.

Tic tac

Suena el reloj anunciando el nacimiento y muerte de los minutos.

Tic tac

Como un horrible golpeteo en mi cabeza que cuenta mí tiempo.

Tic tac...

 

Muerte.

Renacimiento.

En cada exhalación que me quema por dentro.

En cada marea de aire nuevo que inunda mis pulmones.

El aire se vuelve denso y molesto, un extraño frio se aloja en la boca de mi estomago llegando lentamente hasta mi garganta, hiriéndome, ahogándome....

 

Tic tac

 

Recuerdos. Recuerdos que llegan a mí como una enorme tormenta, arremolinándose a mí al rededor, tomando la forma de tus labios, tus ojos...Tu rostro.

 

Otro minuto muere y otro nuevo nace.


Llega a mí una voz, una voz amiga que me aconsejo alguna vez:

"dile lo que sientes a quien quieres, porque si no, algún día será demasiado tarde"

Las palabras rebotan en mi mente volviéndose un lejano eco. Un simple susurro.

 

Sentada en la misma banca de siempre, con mi camisa favorita, unos pantalones gastados y unos converse que garabatean indescriptibles dibujos en el suelo. Tengo muchas cosas por hacer, no acabe la tarea y me esperan en la cafetería; sin embargo, sigo ahí en aquella banca atada a ella sin razón aparente, sola, siempre sola.

¿Qué es lo que estoy esperando?

 

Tic tac. Inicia otra vez

 

El frio en la boca del estomago se extiende, haciendo temblar mis labios y las puntas de mis dedos con una extraña excitación que no logro explicar. Una inesperada sensación me obliga a levantar la vista y voltear hacia no sé dónde.

 

Tic Tac.

 

Apareces  en las escaleras. Un enigmático ardor recorre mi columna, haciendo que un sutil cosquilleo se apodere de mis labios y que mi piel cobre vida propia.

Mis labios se entreabren para proferir una palabra que jamás saldrá y que cae de mi boca al suelo sin ser escuchada por nadie; ni siquiera por ti.

Me miras tan cercano, como ajeno y solo fijas por un segundo la vista en mí, para que tus labios formen la palabra: Hola; sin que de ellos salga sonido alguno, después nuevamente te volteas y miras al frente como si ni siquiera me hubieras visto.

Levanto la mano en un gesto automático para darte respuesta, pero a ti ya no te importa.

 

Tic... Oscuridad. Muerte.

 

Con un gemido silencioso algo se desquebraja en mi interior volviéndose añicos.

La fría nebulosa se vuelve solida y se atasca en mi garganta, quebrándose y volviéndose hirientes astillas.

 

El minuto muerto se vuelve eterno y resbala por mi mejilla en su húmeda tumba.

 




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