
Duele.
Me parece increíble cuanto puede doler.
Todo parece común, pagano, gris; todo al rededor parece tan muerto tan normal del día a día que nos toca vivir...
Pero apareces tú en escena, en este teatro tan deplorable llamado mundo. La escena cambia, los colores cobran vida y el viento se vuelve perfumado y exquisito, el ambiente es tibio y acogedor.
Sin embargo, duele, duele mucho; es un dolor extraño, hace que sienta que el pecho me explotara, que el aire es pesado y difícil de respirar, mi boca ansia con desesperación aquel néctar prohibido que tienen tus labios, las ansias de tenerte hace que hormigueen mis brazos como un inesperado choque eléctrico, te miro y mis pupilas se dilatan ante la emoción y la excitación.
Debilidad, repentinamente llega a mí una desconocida debilidad provocada por tu oscura fragancia y delicada esencia que me inunda el pensamiento y me envenena llevándome a una irremediable y dulce muerte. La sangre arde en mi interior con desesperación y ansia me quema provocando tan sublime dolor que me lleva a la locura y la alucinación...
Tus dedos recorriendo ligeramente, como plumas, la línea de mi espalda, recorriendo mis hombros, la línea de mi mandíbula y finalmente contorneando mi boca, con delicados trazos que garabateas con desconocida inocencia, tu aliento dulce y cálido me nubla el pensamiento, agitándome la respiración, haciendo que la cabeza me dé vueltas mientras me desvanezco entre tus brazos.
Tus dulces labios, tan extasiantes como lo prometía el dulce néctar que me llamaba; como la flor a la mariposa, se encuentran con los míos en un dulce va y ven rítmico como el latir desbocado de nuestros corazones, debería bastarme pero mi cuerpo pide más en el desesperado éxtasis en el que tus brazos me atan y del cual no busco huir.
Mis manos recorren tus hombros fervientemente hasta llegar a tu pelo, hundiendo mis manos en los oscuros espirales que me hipnotizan. Intento acercarte a mí, pero no me parece suficiente, entre mi cuerpo y el tuyo ya no existe espacio, somos uno,
Tus manos me acercan mas aunque ya casi sea parte tuya las plantas de mis pies comienzan a despegarse el suelo que alguna vez me mantuvo en pie, volviéndote un apoyo excelso y delicado.
Como si una carga eléctrica llegara repentinamente a mi cuerpo, tiemblo entre tus brazos como las hojas que abandonan el árbol, como nosotros abandonamos el mundo...
Me parece increíble cuanto puede doler.
Todo parece común, pagano, gris; todo al rededor parece tan muerto tan normal del día a día que nos toca vivir...
Pero apareces tú en escena, en este teatro tan deplorable llamado mundo. La escena cambia, los colores cobran vida y el viento se vuelve perfumado y exquisito, el ambiente es tibio y acogedor.
Sin embargo, duele, duele mucho; es un dolor extraño, hace que sienta que el pecho me explotara, que el aire es pesado y difícil de respirar, mi boca ansia con desesperación aquel néctar prohibido que tienen tus labios, las ansias de tenerte hace que hormigueen mis brazos como un inesperado choque eléctrico, te miro y mis pupilas se dilatan ante la emoción y la excitación.
Debilidad, repentinamente llega a mí una desconocida debilidad provocada por tu oscura fragancia y delicada esencia que me inunda el pensamiento y me envenena llevándome a una irremediable y dulce muerte. La sangre arde en mi interior con desesperación y ansia me quema provocando tan sublime dolor que me lleva a la locura y la alucinación...
Tus dedos recorriendo ligeramente, como plumas, la línea de mi espalda, recorriendo mis hombros, la línea de mi mandíbula y finalmente contorneando mi boca, con delicados trazos que garabateas con desconocida inocencia, tu aliento dulce y cálido me nubla el pensamiento, agitándome la respiración, haciendo que la cabeza me dé vueltas mientras me desvanezco entre tus brazos.
Tus dulces labios, tan extasiantes como lo prometía el dulce néctar que me llamaba; como la flor a la mariposa, se encuentran con los míos en un dulce va y ven rítmico como el latir desbocado de nuestros corazones, debería bastarme pero mi cuerpo pide más en el desesperado éxtasis en el que tus brazos me atan y del cual no busco huir.

Mis manos recorren tus hombros fervientemente hasta llegar a tu pelo, hundiendo mis manos en los oscuros espirales que me hipnotizan. Intento acercarte a mí, pero no me parece suficiente, entre mi cuerpo y el tuyo ya no existe espacio, somos uno,
Tus manos me acercan mas aunque ya casi sea parte tuya las plantas de mis pies comienzan a despegarse el suelo que alguna vez me mantuvo en pie, volviéndote un apoyo excelso y delicado.
Como si una carga eléctrica llegara repentinamente a mi cuerpo, tiemblo entre tus brazos como las hojas que abandonan el árbol, como nosotros abandonamos el mundo...
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